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domingo, 12 de diciembre de 2021

Imposible


     En una ocasión algún seudomoralista le preguntó al empresario don Emilio Azcárraga Vidaurreta:

--¿Por qué no corre usted a los afeminados, las golfas, los padrotes y las lesbianas que participan en los programas?

Y don Emilio socarronamente le contestó:

--Y mañana, ¿con quién trabajamos?


La Televisión en México: 1950-2000 (1999).

Gonzalo Castellot 

sábado, 24 de agosto de 2019

El Conde Francés


Sin saber de donde llegó, de la noche a la mañana apareció en Torreón, Coahuila, un joven francés, que decíase Conde, cuyo nombre era Armand de la Rochefaucauld. Su carácter alegre y extrovertido le permitió darse a conocer rápidamente en toda la ciudad; asistiendo a cuanta fiesta se celebraba y presentándose personalmente.
Además de ser un hombre muy instruido, era extravagante hasta la exageración. A veces por las noches dormía en los carros vacíos del ferrocarril, lugar de reunión de los hampones con quienes trababa amistad. Asimismo visitaba continuamente cantinas de mala muerte.  Otra de sus costumbres consistía en ponerse a escribir en máquina en la banqueta de la calle.
Cierta noche que se encontraba en el prostíbulo de la señora Paz Limón, ocurrió una tragedia que involuntariamente provocó Oscar Larriva, al disparársele accidentalmente su pistola, dando muerte a la dueña de dicho antro. Al intervenir las autoridades, el causante de ese fatal suceso fue encarcelado de inmediato. Por la mañana, la prensa publicó a grandes rasgos la noticia, de acuerdo con lo que logró recabar de algunos testigos oculares y, como se trataba de jóvenes bien, el escándalo fue mayúsculo.
Armand de la Rochefaucauld, que había presenciado lo acontecido, al leer el periódico supo que no lo mencionaban entre los testigos y acudió ante el juez, reclamándole indignado por qué no lo habían citado a declarar. Luego se dirigió a las oficinas del periódico, en donde ofreció una buena suma en efectivo para que publicaran su nombre cuanto antes, como testigo en las investigaciones que se llevaban a efecto. Al día siguiente su nombre apareció en primera plana con una fotografía que él mismo había aportado.

Anécdotas del Güero Marroquín (1988).
Enrique Marroquín Pámanes

lunes, 11 de febrero de 2019

Cuadro Por Encargo



Jesús Zambrano, empresario mexicano, narra a Rubén Aguirre, la historia de un cuadro por encargo a Diego Rivera.
--La que posa es mi mujer. El cuadro lo hizo Diego Rivera. Estuvo en esta casa tres meses pintándolo. Le gustaba pasearse por los jardines para inspirarse. Le hablaba a mi mujer, le pedía que se sentara en una silla y entonces la pintaba.
                Diego Rivera era ya uno de los artistas más importantes del mundo y pintaba solo aquello que quería o le llamaba la atención. Difícilmente hacía cuadros por encargo. Pero por tratarse de Jesús Zambrano había hecho una excepción.
                Tres meses duró Diego Rivera en casa de Zambrano. Cuando terminó le preguntó cuánto le iba a cobrar. Se quedó serio.
                --Ni un centavo –respondió--. Me he pasado en su casa unas vacaciones increíbles. Disfruté de comidas y bebidas exquisitas. Así que no me debe nada.
                --No, señor –le dijo--. Debo pagar este trabajo. Esto no puede quedar así. ¿Cuánto le debo?
                --En verdad no es nada, Don Jesús –reiteró Rivera.
                --Por favor, cóbreme –insistió.
                Rivera se negó una y otra vez. Ante la insistencia, el reconocido pintor y muralista propuso una cantidad: 50 mil pesos.
                --Pero le voy a pedir un favor, don Jesús. Haga el cheque a nombre del Partido Comunista.
                La petición le cayó a Zambrano como balde de agua fría. Él representaba, como la mayoría de los empresarios de Monterrey, el ala conservadora de la sociedad mexicana, y las tendencias comunistas de Diego Rivera eran incluso una conducta delictiva en aquel tiempo.
                --Le propongo esa cantidad si me quiere pagar el cuadro, pero si no, no me debe nada --dijo Diego, intentando ganar la partida.
                Pero en contra de lo que él mismo esperaba y de todos los pronósticos, Jesús Zambrano le extendió el cheque a nombre del Partido Comunista.

Después de Usted (2014).
Rubén Aguirre

martes, 13 de noviembre de 2018

Al Exilio



Maximino Ávila Camacho acostumbraba a codiciar los logros ajenos haciéndose de manera fácil de lo que le gustara. Tuvo una “idea brillante” con respecto a su compadre, el empresario mexicano Anacarsis Peralta, mejor conocido como Carcho Peralta. Una tarde de la segunda mitad de 1942 se presentó en el despacho de Anacarsis, presionándolo para que le vendiera la empresa del Toreo de la Condesa. Por supuesto que Carcho se negó.
--Ya te expliqué, y de sobra lo sabes, que este es mi negocio: yo lo hice y yo te invité, participándote de los beneficios que produce mi trabajo.
Maximino mencionaba que no le gustaba como Carcho estaba manejando las finanzas, alegando esto como excusa para presionar sobre la venta. Carcho le dijo:
--Sabes que eres un tal por cual y conozco tus métodos, pero a mí no me vas a amedrentar y aunque tengas tus pistoleros a sueldo aquí estamos tú y yo, y tú también traes pistola, sácala y nos morimos los dos, pero tú te vas primero.
Ante tal valentía, Maximino, no se atrevió a intentar nada en el momento, sin embargo, un teniente coronel, jefe de ayudantes de Maximino, pero amigo también de Carcho, lo buscó al día siguiente para decirle que Maximino estaba furioso porque lo retó y se negó a vender el negocio. “Ya ordenó que te busquen y te asesinen. Vete de México en cuanto puedas”.
La esposa y hermanas de Carcho, le rogaron que dejara el negocio y se fuera por un tiempo.
A los pocos días, Carcho tomó un avión con destino a Sudamérica (Brasil y Argentina), un “exilio voluntario” al que se sumó su querido amigo Gilberto Guajardo.
Sobra decir que Maximino no sólo se adueñó de la empresa taurina, pagando el precio que le dio la gana. También se apoderó del Rancho San Manuel que Carcho tenía en Puebla.
Mas con todo, Anacarsis no perdía su buen humor. Antes de tomar el vuelo, Gilberto le comentó:
--A ver cómo nos va, Carcho, porque yo llevo poco dinero.
--No te preocupes, yo traigo aquí unos centenarios.
--¡Pero si está prohibido sacarlos de México, Carcho! Seguro que tendremos problemas.
--Mira, si tienes miedo adelántate y yo los paso. Toma, llévate mi abrigo.
Pocos minutos después, ya en el aire y sin que hubiera habido novedad, Gilberto le preguntó:
--Oye, ¿cómo te fue con la pasada?
--¿Con qué? –respondió Carcho.
--¡Pues con los centenarios!
--¿Los centenarios? ¡Fuiste tú quien los pasó en mi abrigo…!


Hotel Regis (2015).
Sergio Peralta Sandoval

lunes, 13 de junio de 2016

Casi Perfecto

Thomas Alva Edison fue a Dearborn, Michigan, para ver una réplica de su laboratorio de Menlo Park (que Henry Ford había construido con un costo de 10 millones de dólares) y comprobar si la reconstrucción era fiel. Tras examinarla, dijo a Ford:
--Está bien; es casi noventa y nueve y medio por ciento perfecta.
--¿Y cuál es el otro medio por ciento? –preguntó Ford.
--Que nunca teníamos tan limpio nuestro laboratorio –repuso el inventor.

Edison El Hombre
Revista Selecciones del Reader’s Digest (Marzo, 1975).
Don Wharton

domingo, 7 de diciembre de 2014

Los 41 y el 42


En 1888, Ignacio de la Torre y Mier, rico hacendado mexicano, contrajo matrimonio con Amada Díaz, hija mayor del dictador Porfirio Díaz. A semanas de la unión comenzaron los conflictos matrimoniales y muy pronto llenó de murmuraciones el entorno de la familia presidencial, pues su homosexualidad era un secreto a voces.
El 17 de noviembre de 1901 el yerno presidencial protagonizó un sombrío incidente que dejó al descubierto su orientación, “El baile de los 41”, como se le llamó a aquel acontecimiento que tomó tintes de escándalo nacional. Narran las crónicas periodísticas de aquellas fechas que una singular celebración tuvo lugar en la casona marcada con el número 4 de la calle de La Paz, en la colonia Tabacalera, bajo el falaz argumento de un bautizo. En aquella casona se dieron cita 42 individuos, todos del sexo masculino. La mitad de los asistentes vestía de mujer, ataviados con coquetas pelucas, aretes, amplias y frondosas caderas postizas además de rostros embellecidos de colores llamativos, mientras que la otra mitad vestía prendas masculinas. Aquella celebración exclusiva, incluía la rifa de un joven agraciado conocido bajo el mote de “Bigotes Rizados”. Las crónicas añaden que los gendarmes hicieron una redada llevándose detenidos a todos los participantes del singular festín, 41 hombres fueron trasladados a prisión y se cuenta que al momento de la detención había uno más. El 42, se supo más tarde, fue Ignacio de la Torre y Mier, al que su suegro salvó para cuidar la reputación familiar y la honra de su hija.
Aunque los periódicos de aquellas fechas no lograron documentarlo, más tarde se supo que un importante número de aquellos concurrentes pertenecía a las familias más prominentes del Porfiriato, aunque la lista de los 41 nunca se divulgó con el fin de salvaguardar la imagen de tan importantes personajes.
A pesar de los intentos del dictador militar por silenciar a la prensa de aquellas fechas e impedir un escándalo familiar, la noticia se regó por todas partes. Una de las ilustraciones más afamadas en torno a la detención de los jóvenes homosexuales porfirianos son los ejemplares de la Gaceta Callejera, una hoja suelta que se repartía de mano en mano en aquellos días. José Guadalupe Posada tituló aquella reseña como “Los 41 maricones encontrados en un baile de la calle de La Paz el 20 de noviembre de 1901″, y se ilustra a un grupo de hombres, todos de bigotes relamidos, bailando alegremente en parejas.
El primero de octubre de 1918, Ignacio de la Torre y Mier falleció en Nueva York, cuando le practicaban una cirugía de colon. Algunos dicen que aquella enfermedad fue producto de sus múltiples andanzas.

Nuestro Tiempo: El Yerno Incómodo (2010).
Elpidio Hernández

viernes, 7 de noviembre de 2014

En Busca de Consejo


John D. Rockefeller platicaba con un amigo que se encontraba en una situación desesperante y le pedía un consejo:
--Me deben $ 50,000 dólares y no tengo comprobante de esa deuda, ¿qué crees que debería hacer?
El multimillonario, que no lo era por casualidad y que gozaba de una mente privilegiada, le contestó:
--Lo que yo haría, es escribir una carta al deudor y le pediría los $ 100,000 dólares de la deuda. Estoy convencido que te responderá a vuelta de correo, aclarándote que no son $ 100,000 dólares, sino $ 50,000 dólares. Esa carta de su puño y letra será el mejor comprobante.
                            
Diccionario de Anécdotas, Dichos, Ilustraciones, Locuciones y Refranes (2006).
Rubén Gil

jueves, 23 de octubre de 2014

El Deber es Primero


Para mejor dar a conocer las posibilidades de la lámpara incandescente que acababa de inventar, Thomas Alva Edison propuso hacer iluminar por este procedimiento todo un barrio de Nueva York. En 1880 inició los preparativos: hizo construir una central eléctrica, instalar kilómetros de hilo y fabricar 15,000 lámparas con sus casquetes. Hubo que inventar todo lo que no había sido inventado aún: fusibles, interruptores… El 4 de septiembre de 1882 tuvo lugar la inauguración. Las autoridades fueron recibidas por un Edison en camisa blanca y traje impecable. Momentos más tarde, el inventor desaparecía. Se le buscó durante un buen rato y, finalmente, se le encontró, con el traje arrugado y manchado de aceite. Había una máquina que funcionaba mal y fue a repararla.

Dime Quién Es (1971).
Simone y Georges Monlaü

viernes, 3 de octubre de 2014

Creador de Ídolos


En la década de 1930 el talabartero Antonio H. Martínez, oriundo de la Ciudad de León, Guanajuato, abrió un taller de calzado deportivo en la Ciudad de México, especializándose en botas para boxeador. En aquellos años la lucha libre era un deporte nuevo, traído de Estados Unidos, que tuvo bastante auge entre el público mexicano. Antonio se hizo aficionado a él y muy pronto comenzó a diseñar botas especiales para estos gladiadores. Un día recibió la visita del luchador de origen irlandés Ciclón McKey, quien entonces era la principal atracción en las funciones. Éste le pidió la confección de un antifaz que le permitiera ocultar su identidad en el cuadrilátero pero además fuera difícil de quitar por sus contrincantes. El secreto del talabartero fue tomar 17 medidas específicas de la cabeza, que aseguraban un diseño anatómico, para crear la máscara perfecta, fórmula que aún permanece.

Muy Especial Num. 2 (2007).
Preguntas y Respuestas 2007

Muy Cuidadoso


El médico veterinario Luis Palazuelos Platas se encontraba con un grupo de colegas especialistas en fauna silvestre en un simposio en Monterrey. Durante un receso se encontraron con un veterinario que laboraba para un zoológico particular en  Tijuana y que hacía un buen tiempo no se le veía en los congresos.  Platicó que tuvo un peligroso accidente al manejar un chimpancé adulto. El primate le mordió y arrancó dos dedos de su mano derecha y arañó su cara abriéndole una herida a lo largo de su párpado inferior derecho y mejilla derecha. Afortunadamente se liberó del animal y fue tratado exitosamente en un hospital. Las cicatrices que presentaba en la cara, en el brazo y en la mano eran las pruebas de ese terrible suceso.
--Yo también tengo una cicatriz –dijo uno de ellos, queriendo participar en la plática. Imprudentemente descubrió su brazo derecho el cual mostraba una larga y ancha cicatriz que iba del codo hasta el dorso de la mano. --Esto me lo hizo un tigre de bengala cuando le iba a dar un tratamiento en su comida. Por poco y me corta la cefálica.
Otro médico se descubrió parte de la espalda levantándose la playera. Presentaba en el flanco derecho a nivel lumbar tres cicatrices hundidas y brillosas de forma circular del tamaño de una bola de golf mezcladas con otras en forma de rayas delgadas.
--A mí me mordieron dos monos araña en su jaula de cuarentena. No me los podía quitar. Me dieron con saña los desgraciados.
Un tercero no quiso quedarse atrás y levantó parte de la pernera del pantalón y exhibió su pantorrilla izquierda donde una cicatriz ancha y lisa de color rosa intenso en forma de luna en cuarto menguante impresionó a todos.
--Aquí me mordió una cascabel que acababa de ordeñar. Se me escapó, y al tratar de sujetarla la agarré por la cola y que me da un rozón en la pierna. Eso fue una ventaja, además de que era pequeña y estaba recién ordeñada. Tenía casi nada de veneno. Aunque me inyectaron el suero anticrotálico se me necrosó un poco la herida.
La atención de todos se dirigió hacia Palazuelos:
--¿Y tú, Luis? –Preguntó aquel que contó su aventura con el tigre. --¿Qué cicatrices te han dejado los animales después de tantos años?
Palazuelos con una sonrisa y alisándose el bigote le respondió:
–Ninguna. No soy tan güey. Yo sí me cuido.


Anecdotario Personal (s/p)
Octavio Rojas

domingo, 31 de agosto de 2014

El Proyecto de Los Tres Amigos


En 1939, el pintor e ilustrador Miguel Covarrubias trabajaba en un libro titulado Mexico South, hasta que su viejo amigo el director y compositor Carlos Chávez y su nuevo amigo el periodista Salvador Novo le propusieron un proyecto fílmico de dibujos animados y le pidieron que fuera socio de ellos para producirlo: querían las ideas de Miguel para el guión y sus trabajos artísticos animados para la película. Iba a ser muy divertido… Miguel no pudo negarse.
La película se llamaba La Creación del Mundo. Era un relato sobre la tierra, el aire, el fuego y el agua, personificados en cuatro dioses juguetones que crean el mundo y todo lo que contiene. Como fuentes de información, los tres bisoños productores fílmicos echaron mano de antiguos mitos americanos de la creación y colaboraron en la formación de un guión factible. La música sería compuesta por Chávez, cuya obra orquestal era bien conocida en México por sus temas nacionalistas.
El indigenista Alfonso Caso, mentor de Miguel, echó un vistazo a lo que habían hecho los jóvenes y quedó entusiasmado. “No está bien, ¡está muy bien!”, le dijo a Chávez, y les dio ánimos para seguir. Con ese aliento, Chávez escribió a Walt Disney, al que conocía, para averiguar si la idea le interesaría a la empresa Disney, y descubrió que el cineasta ya estaba trabajando con Leopold Stokowski en un largometraje que habría de convertirse en la revolucionaria película Fantasia. Sus relatos y sus estilos eran demasiado parecidos. Los tres amigos abandonaron el proyecto y sin duda llegaron a la conclusión de que, cualquiera que sea el origen étnico, los grandes espíritus van en la misma dirección.


Covarrubias (1994).
Adriana Williams

jueves, 14 de agosto de 2014

Una Vuelta por París


El periodista Art Buchwald narra en una entrevista cómo el productor Michael Todd y su esposa la actriz Elizabeth Taylor celebraron una función más en París  de su famosa película La Vuelta al Mundo en 80 días.
“Mike hacía una fiesta siempre que tenía una proyección de La Vuelta al Mundo en 80 Días. Yo había abierto un pequeño restaurante chino en París. Mike quiso hacerse el importante y dijo:
“--Haré la fiesta en tu restaurante.
“Le advertí:
“--Sólo entran 36 personas.
“Me respondió:
“--No invitaré a más.
“Por supuesto, al terminar la película aparecieron 110 personas. Y mi gerente chino no sabía qué hacer. Así que decidió renunciar. Le dije:
“--Quédate. Pide sopa wanton y cocina todos los fideos que tengas.
“Mientras tanto, Mike se enfureció porque no había comida en las mesas para sus 110 invitados, que estaban de pie en el restaurante, sobre las mesas, por todos lados. Mike corrió hasta un restaurante italiano de la otra calle y compró 50 pizzas. Regresó y comenzó a repartir pizzas a todos.
“Al final, hubo comida para todos. O eso creo. Y desaparecieron. Bebieron toda la champaña que habíamos comprado a un cabaret vecino. Finalmente, a las 3:00 de la mañana, Mike y Liz se levantaron para irse. Y el gerente le presentó la cuenta de $ 700 dólares. Mike le dijo:
“--Tráigala mañana al mediodía al hotel y se la pagaré.
“Al darme un beso de despedida, Liz me susurró en el oído:
“--Mejor cóbrale. Nos vamos a las 8:00 a.m.
“Dije:
“--Mike, no podemos afrontar esto. No somos ricos.
“Mike respondió:
“--Si hay algo que odio, es que se dude de mi solvencia.
“Liz me guiñó el ojo, y Mike pagó los $ 700 dólares. Y les deseé buen viaje a los dos.”


Documental: La Vuelta al Mundo de Michael Todd (1968).
DVD: La Vuelta al Mundo en 80 Días.

domingo, 3 de agosto de 2014

Bajo Presupuesto

       
La noche del 17 de septiembre de 1900 tuvo lugar la función inaugural del Teatro Renacimiento con la compañía  de ópera  que había contratado el empresario Napoleón Sieni, quien era tan tacaño que no vacilaba en evitarse cualquier gasto que le pareciera superfluo sin importarle la comodidad de sus cantantes. Debido a este defecto de Napoleón Sieni fue que la soprano Adelina Padovani, estrella de la compañía, al estar cantando Traviata y levantarse del lecho en que agoniza para poder emitir a gusto las arias finales, volvió a caer en un sillón para morir cerca de su amado Alfredo, pero el mencionado sillón era tan viejo y estaba tan apolillado, que no resistió la voluminosa y nada tuberculosa figura de la Padovani y se hizo pedazos cayendo al suelo junto con la desdichada soprano. Después de este ridículo, la pobre Traviata murió de una manera por demás deslucida y sin impresionar a nadie.

Cien Años de Teatro en México (1972).
Luis Reyes de la Maza

lunes, 7 de julio de 2014

El Otelo Pirata

             
En el Teatro Nacional debuta el 13 de septiembre de 1887 la compañía de ópera traída por el empresario Napoleón Sieni, quien había asegurado al público que daría a conocer la más reciente producción de Giuseppe Verdi, el Otelo, estrenada en Milán ese mismo año y aún no cantada en París. Al pedir a la Casa Ricordi, de Italia, la instrumentación, el empresario recibió como contestación que no era posible vender los derechos de esa ópera a ningún país mientras no se estrenase en Francia; condición absurda, puesto que Otelo no se estrenó en París sino hasta siete años después. Esta noticia enojó a Sieni y se dirigió a un músico amigo suyo que vivía en Milán pidiéndole que asistiese a una, o a varias, de las funciones del Otelo y copiara la música instrumentándola luego como él quisiese. Con la carta iba también la promesa de una buena suma si hacía lo pedido. El maestro italiano no lo pensó dos veces: fue al Teatro de la Scala y, papel pautado en mano, copió nota a nota la ópera íntegra, la instrumentó a su placer y la envió a México. De ese modo, con una instrumentación apócrifa, se estrenó en México, antes que en ninguna otra parte del mundo a excepción de Italia, el Otelo, de Giuseppe Verdi. No nos explicamos porqué la Casa Ricordi no demandó a los empresarios que tuvieron tal osadía, o quizá nunca se enteró de robo tan descarado.

Cien Años de Teatro en México (1972).
Luis Reyes de la Maza

domingo, 25 de mayo de 2014

Sustote


Emilio Azcárraga Milmo, el empresario más poderoso que ha visto México, era muy quisquilloso con los gafetes. Estas credenciales, sin las cuales ningún empleado era admitido dentro de las instalaciones de Televisa, debían portarse no sólo como identificación, sino como símbolo de orgullo. Después de todo, el personal de Televisa estaba empleado por la compañía de medios de comunicación de habla hispana más grande del mundo, con cimientos que se remontan a 1930. Cuando se encontraba en sus oficinas de Chapultepec, Televicentro, o en los Estudios San Ángel, Azcárraga procuraba siempre usar su gafete, aunque a veces lo dejaba a propósito dentro de su bolsillo y reprendía escandalosamente a los guardias de seguridad que le permitían pasar sin él. En Televisa, el gafete representaba entonces el pasaporte y el emblema de honor; por tanto, la lealtad consistía en tener no sólo “la camiseta bien puesta”, sino también “el gafete bien puesto”.
Un día en Televicentro, Azcárraga entró en un elevador en el que viajaban algunos de sus técnicos, enfundados en sus chamarras amarillas. Inmediatamente notó que uno de los hombres no llevaba el gafete prendido al bolsillo de su uniforme, sino colgando de su cinturón. “¿Para eso te pago tanto?”, reclamó Azcárraga, “¿pa’ que traigas el gafete en los huevos?”. Se hizo un silencio aterrador. El Tigre había rugido. Pero el empleado pudo musitar una respuesta. Llevando su mano a la garganta, exclamó: “No, señor, esos los traigo aquí”.
Azcárraga soltó tremenda carcajada, una de esas amplias y sonoras carcajadas suyas que le eran características. Nerviosos, sus empleados empezaron a reír entre dientes. Cuando el elevador llegó a su piso, Azcárraga se quitó su Rolex y se lo dio al trabajador. “Lo mereces, cabrón”, dijo, y salió por las puertas.

El Tigre Azteca
Revista Semana, 8 de mayo 2000.
Newsweek

viernes, 23 de mayo de 2014

Valiente


Nadie en su escuela habría dicho que Thomas Alva Edison iba a convertirse en uno de los grandes genios del siglo XX. De hecho, sus profesores creían que el muchacho tenía una inteligencia limitada, ya que le costaba asimilar sus enseñanzas. Pero su único problema real era una incipiente sordera provocada por la escarlatina.
El hecho que cambió su vida se produjo en 1862, cuando tenía doce años. Salvó la vida del hijo del jefe de estación de policía de su ciudad. Edison vio como el niño, que jugaba en las vías, iba a ser arrollado por un tren y se lanzó sobre él, le tiró y le cubrió con su cuerpo mientras el tren pasaba a escasos milímetros de ellos.
Por aquella hazaña, el chico fue recompensado con un curso de telegrafía que fue el principio de su carrera como inventor.

Edison. The Youth and His Times.
W.E. Wise

lunes, 5 de mayo de 2014

Gato por Liebre


El creador de dibujos animados Joe Barbera narra en una entrevista cómo fue elegido ganador del Oscar uno de sus cortometrajes nominado al Premio de la Academia de 1946:
“Fue Concierto Gatuno (The Cat Concerto). Tenías la orquesta de MGM, 40 instrumentos. Hicieron toda la música. Y en la idea surgió que haríamos la Segunda Rapsodia Húngara, y haríamos que Tom la tocara en el escenario de Carnegie Hall. Una idea sencilla. Y ahí comenzamos. Empecé a hacer borradores de la historia. Y así quedó. Él sale con un frac. Hace una reverencia y se sienta frente al piano. Levanta la cola, se arremanga, se truena los nudillos, mira a la audiencia. Comienza a tocar. Lo que no sabe es que al final del piano Jerry está cómodamente dormido. Tiene una pequeña sábana, una lámpara. Vive ahí. Tom no sabe eso. Así que está tocando. Jerry rebota arriba y abajo sobre una de esas cosas. Se inicia la guerra y abarca toda la pieza. Y se hizo de manera brillante.
“Hay una coincidencia con mi viejo amigo Friz Freleng. ¿Correcto? Vamos a las pruebas de pantalla. Concierto Gatuno sale primero y todos quedan encantados. Presentan otras dos nominaciones y aparece Rapsodia Conejo (Rhapsody Rabbit) de Warner Bros dirigida por Friz Freleng. ¿Qué es esto? Bugs Bunny camina en el escenario de Carnegie Hall con un frac. Lo levanta, se sienta frente al piano. Mira alrededor y comienza a tocar el piano. Y atrapado dentro del piano hay un ratón. Ahora, es cuestión de juicio. Las personas comenzaron a gritar y a reír. Era la misma caricatura. Lo acusamos de robar cosas. Freleng está gritando que él no robó nada. Fue una verdadera experiencia. Pero conociendo a Friz Freleng, pudo haber coincidencia que toques la misma pieza y hacer los mismos chistes. Lo único que no cuadra es, ¿qué hace un conejo con un ratón? Puedes entender a Tom y al ratón, pero, ¿un conejo y un ratón? Por fortuna, salimos primero y ganamos el Oscar.”


Cómo Bill y Joe Conocen a Tom y Jerry (2004).
Entrevista a Joseph Barbera.
DVD: Tom y Jerry. El Gran Estreno, Vol. 1.

jueves, 1 de mayo de 2014

Todos Quedaron Bien


El conductor de televisión Jorge Saldaña narra una experiencia que tuvo en 1963 cuando falleció el Papa Juan XXIII. El tenía a media tarde un programa de entrevistas en directo en el canal 4. Pensó que sería interesante dar un impacto al programa invitando a Vicente Lombardo Toledano, sindicalista, político y filósofo de tendencia marxista, para que diera su punto de vista acerca del Papa.
“Fue una cátedra de elocuencia y elogios para el Papa desaparecido, acomodó perfectamente su condición de hombre de izquierda con el contenido social de la doctrina de Cristo a la que fue congruente Juan XXIII.
“En eso estábamos cuando entró el señor Argüelles como tromba al estudio, gritando ‘Corten el programa… Por orden superior se corta la transmisión… Por orden del señor Azcárraga, que te presentes en la Dirección’
“Recuerdo que el maestro Lombardo dijo: ‘Bueno, se dijo lo principal’. Todo marchito, me despedí de él y, con paso titubeante y tragando amargo, me dirigí a la Dirección.
“Emilio Azcárraga Milmo me quería pero yo lo decepcioné, quizá él pensó que lo debía haber seguido en su empeño mercantil de la televisión. Simplemente yo no lo sentía así.
“El regaño fue de órdago. Mi argumento fue destruido por los suyos, yo decía:
“--Todos quedamos bien, las llamadas bloquearon el conmutador, Telesistema queda como tolerante que oye todas las opiniones, es muy hermoso que un ateo comunista hable bien del Papa, el programa sube, tu empresa se jerarquiza y la Iglesia está complacida.
“--¿Y cómo queda Lombardo?  --preguntó colérico Emilio.
“—Pues también muy bien –respondí.
“—Pues quiero que sepas, grandísimo pendejo, que en esta empresa no queremos que ningún desgraciado comunista quede bien. Sácate.
“Su recio y atlético brazo señaló la puerta de su oficina. Estaba despedido, una vez más.”

Porjoder.com (2007).
Jorge Saldaña.

lunes, 28 de abril de 2014

Creador Precavido


En cierta ocasión una señora le hizo a Thomas Alva Edison la siguiente pregunta:
--¿Es usted quién ha inventado la primera máquina que habla?
--No, señora. La primera máquina parlante la construyó Dios de una costilla de Adán. Yo he inventado una máquina que se puede parar cuando habla.


Supersticioso


Walt Disney se encontraba plagado de obsesiones, una de las cuales era su preocupación por la muerte. Se dice que durante una fiesta una adivina le dijo que no viviría más allá de su cumpleaños 35, cosa que siguió atormentándolo incluso pasada esa fecha. Pensaba que, en el mejor de los casos, le habían sido otorgadas algunas horas extras; por el resto de sus días, evitó asistir a funerales y, cuando no tenía escapatoria, caía en largas y profundas depresiones.
Evitaba incluso a los reporteros deseosos de contar su historia. Su lógica era la siguiente: sólo se hacen biografías de los muertos. Temía que dichos reporteros husmearan en sus secretos personales y de negocios (de hecho, veía poca diferencia entre ambos ámbitos). Por si fuera poco, pensaba que podrían, incluso, revertir su buena fortuna y causar su ruina.


The Disney Version (1968).
Richard Schickel.