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domingo, 31 de agosto de 2014

El Proyecto de Los Tres Amigos


En 1939, el pintor e ilustrador Miguel Covarrubias trabajaba en un libro titulado Mexico South, hasta que su viejo amigo el director y compositor Carlos Chávez y su nuevo amigo el periodista Salvador Novo le propusieron un proyecto fílmico de dibujos animados y le pidieron que fuera socio de ellos para producirlo: querían las ideas de Miguel para el guión y sus trabajos artísticos animados para la película. Iba a ser muy divertido… Miguel no pudo negarse.
La película se llamaba La Creación del Mundo. Era un relato sobre la tierra, el aire, el fuego y el agua, personificados en cuatro dioses juguetones que crean el mundo y todo lo que contiene. Como fuentes de información, los tres bisoños productores fílmicos echaron mano de antiguos mitos americanos de la creación y colaboraron en la formación de un guión factible. La música sería compuesta por Chávez, cuya obra orquestal era bien conocida en México por sus temas nacionalistas.
El indigenista Alfonso Caso, mentor de Miguel, echó un vistazo a lo que habían hecho los jóvenes y quedó entusiasmado. “No está bien, ¡está muy bien!”, le dijo a Chávez, y les dio ánimos para seguir. Con ese aliento, Chávez escribió a Walt Disney, al que conocía, para averiguar si la idea le interesaría a la empresa Disney, y descubrió que el cineasta ya estaba trabajando con Leopold Stokowski en un largometraje que habría de convertirse en la revolucionaria película Fantasia. Sus relatos y sus estilos eran demasiado parecidos. Los tres amigos abandonaron el proyecto y sin duda llegaron a la conclusión de que, cualquiera que sea el origen étnico, los grandes espíritus van en la misma dirección.


Covarrubias (1994).
Adriana Williams

lunes, 28 de abril de 2014

Supersticioso


Walt Disney se encontraba plagado de obsesiones, una de las cuales era su preocupación por la muerte. Se dice que durante una fiesta una adivina le dijo que no viviría más allá de su cumpleaños 35, cosa que siguió atormentándolo incluso pasada esa fecha. Pensaba que, en el mejor de los casos, le habían sido otorgadas algunas horas extras; por el resto de sus días, evitó asistir a funerales y, cuando no tenía escapatoria, caía en largas y profundas depresiones.
Evitaba incluso a los reporteros deseosos de contar su historia. Su lógica era la siguiente: sólo se hacen biografías de los muertos. Temía que dichos reporteros husmearan en sus secretos personales y de negocios (de hecho, veía poca diferencia entre ambos ámbitos). Por si fuera poco, pensaba que podrían, incluso, revertir su buena fortuna y causar su ruina.


The Disney Version (1968).
Richard Schickel.