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sábado, 13 de septiembre de 2014

L'enfant Terrible


En el año de 1968, José Luis Cuevas se encontraba en Santo Domingo dando conferencias sobre pintura. En esos días, una escritora de triste memoria denunció a un grupo de intelectuales como responsables de la masacre de Tlatelolco. Algunos amigos de Cuevas le aconsejaron regresar a México, pues corría la voz de que había huido por temor a la cárcel, y lo hizo enseguida. Cuando llega a la Ciudad de México, la prensa y la televisión lo esperaban. Un periodista le preguntó:
--¿Está usted de parte de los estudiantes?
--Claro que sí. ¿No le parece lógico? –contestó Cuevas. --¿Quisiera acaso que estuviese de parte de los granaderos?
Otro periodista le preguntó:
--¿Va a responder a la señora escritora que le hace tan graves cargos?
--Déjeme pensarlo, porque no me gusta contestar a tontas y a locas.

Confesiones de José Luis Cuevas (1975).
Alaíde Foppa

sábado, 19 de julio de 2014

Dando una Mano de Pintor


En alguna ocasión que José Luis Cuevas enfermó gravemente dijo a la prensa: “Este será el año de mi muerte”. Entonces el retratista José Luis Pasajes lo llamó por teléfono diciéndole que siempre había querido dibujar a una persona enferma en todo el proceso de su gravedad, hasta llegar a la muerte.
            Cuevas se sintió algo molesto y le dijo:
--Mire usted, tengo la exclusividad de mis propios retratos.
Pero Pasajes con ingenuidad macabra le respondió:
--Entienda, Cuevas, que llegará un momento en que ya no podrá sostener una pluma o un lápiz, y ahí estará Pasajes para sustituirlo.
La respuesta le hizo gracia a Cuevas y aceptó retratarse.
Por cierto, José Luis Cuevas, involuntariamente defraudó a Pasajes pues no murió como lo había pronosticado.

Confesiones de José Luis Cuevas (1975).
Alaíde Foppa

domingo, 20 de abril de 2014

Extraño Método de Inspiración


En el patio del Museo “José Luis Cuevas” se encuentra La Giganta, un bronce que pesa ocho toneladas y mide ocho metros de altura. La idea de cómo se gestó esta fantástica escultura nos la narra el autor:
“Cuando en el museo se inició el trabajo de restauración, se levantó el piso del patio y comenzaron a salir cientos de ratas, ratas por todos lados. Una mañana llegué y no llevaba mis lentes –no veo de lejos–; de pronto vi una pirámide negruzca en el centro del patio y pregunté qué era eso. Me explicaron entonces que era un gran cerro formado con un número increíble de ratas que los trabajadores habían matado. Entonces dije: aquí, en este sitio, voy a erigir una escultura que sea de gran tamaño. Fue así como surgió la idea de La Giganta”.


José Luis Cuevas, Un Artista Adelantado a su Época.
Gaceta de la Universidad Veracruzana. Núm. 55-56, Julio-Agosto, 2002.
Patricia K. Deschamps