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lunes, 28 de abril de 2014

El Conejo Amante


El famoso pintor Salvador Dalí y su mujer Gala, cuando eran ya muy mayores, tenían un conejo amaestrado al que querían mucho y que no se alejaba nunca de ellos. En una ocasión tenían que hacer un largo viaje y estuvieron discutiendo hasta muy entrada la noche qué hacer con el conejo. Era complicado llevarlo y era difícil confiárselo a alguien, porque el conejo desconfiaba de la gente. Al día siguiente Gala cocinó y Dalí disfrutó de una comida excelente hasta que comprendió que estaba comiendo carne de conejo. Se levantó de la mesa y corrió al retrete donde vomitó al amado animalito, al fiel amigo de su vejez. En cambio Gala estaba feliz de que aquel a quien amaba hubiera penetrado en sus entrañas, las acariciara y se convirtiera en parte del cuerpo de su ama. No existía para ella una realización más perfecta del amor que la de comerse al amado. En comparación con esta fusión de los cuerpos, el acto sexual le parecía sólo una ridícula cosquilla.

Anecdotario de Escritores
Neorrabioso

lunes, 21 de abril de 2014

Una Leyenda de la Residencia de Estudiantes


En la Residencia de Estudiantes de Madrid existe una habitación que ocuparon Federico García Lorca y Salvador Dalí donde vivían juntos. Se peleaban todos los días y pasaban tiempo sin dirigirse la palabra, hasta el punto de que llenaban el cuarto de arena y hacían caminitos individuales desde la puerta a la cama, desde la cama al lavabo y ponían macetas con flores en los bordes y en el cruce para andar sin rozarse ni hablarse.

Anecdotario de Escritores
Neorrabioso

viernes, 18 de abril de 2014

El Más Cobarde de la Noche


La cobardía de Salvador Dalí, además de proverbial, era cultivada con esmero por su dueño. Cuando estudiaba en España, el pintor acompañó un día a Luis Buñuel y Federico García Lorca a un bar de mala fama en Madrid. Estalló una pelea. Buñuel se lo pasó bomba mientras duró aquel espectáculo. Cuando todo acabó, se dio cuenta de que sus dos amigos se habían esfumado. Un poco más tarde los encontró en una callejuela cerca del café: estaban discutiendo acaloradamente, compitiendo por el título de "el más cobarde de la noche". Los dos se mostraban seguros y ufanos de haberlo merecido.


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