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domingo, 12 de diciembre de 2021

Sólo Por Necesidad


      Diego Rivera aseguraba abominar las academias de Bellas Artes. Sin embargo, un día lo vieron entrar a la Academia de San Carlos. Su director, Manuel Toussaint, gratamente sorprendido, corrió a saludarlo:

--¡Maestro Rivera! ¿A qué debemos el honor de su visita?

Respondió Diego:

--Encontré cerrada la cantina, y solo vengo a mear. Dígame dónde están los mingitorios.


Anecdotario Mexicano. Ingenio y Picardía (1982).

Jorge Mejía Prieto

Retrato del Alma

 


     El presidente Miguel Alemán inauguró en el Palacio de Bellas Artes la sala pictórica dedicada a Diego Rivera. Entre las obras figura el desnudo de la poetisa Pita Amor, que reproduce el cuerpo adolescente de Pita, con unos senos diminutos y desprovisto de vello púbico. Junto al cuadro, estaba la poetisa en persona.

Deseando ser amable con ella, Alemán le dijo:

--¡Qué bonito es su cuerpo, Pita!

La escritora respondió, con su grave y bella voz:

--Gracias, señor presidente. En realidad el maestro Diego logró en este cuadro pintar el retrato de mi alma.

--Pues que alma tan lampiña tiene, Pita –replicó Alemán, soltando la carcajada.


Anecdotario Mexicano. Ingenio y Picardía (1982).

Jorge Mejía Prieto

Dulce Venganza


     Cinco años (1536-1541) tardó Miguel Ángel en pintar desde un andamio las 314 figuras que integran el fresco del Juicio Final que aparecen en los frescos de la Capilla Sixtina. Un trabajo dramático que ha pasado a la historia del arte como una de las grandes maravillas. Pero una de las figuras llevó de cabeza al artista por el escándalo que produjo su pintura. Sobre la puerta de la derecha a la entrada del visitante Miguel Ángel pintó a Minos, el juez infernal, con una serpiente enroscada a sus pies y comiéndole literalmente su miembro masculino. Aquella representación fue una venganza de Miguel Ángel con Biagio de Cesena, funcionario del Vaticano y responsable del ceremonial papal, quejoso de que en un lugar sacro apareciesen tantos desnudos masculinos. De Cesena le dijo a Miguel Ángel: «Lo que usted ha pintado es más propio de un baño público que de una capilla». Aquella queja tuvo sus consecuencias. Minos aparecía pintado con la cara de Biagio de Cesena, desnudo y con orejas de burro.


Las Hemorroides de Napoleón (2009).

José Miguel Carrillo de Albornoz

lunes, 11 de febrero de 2019

Cuadro Por Encargo



Jesús Zambrano, empresario mexicano, narra a Rubén Aguirre, la historia de un cuadro por encargo a Diego Rivera.
--La que posa es mi mujer. El cuadro lo hizo Diego Rivera. Estuvo en esta casa tres meses pintándolo. Le gustaba pasearse por los jardines para inspirarse. Le hablaba a mi mujer, le pedía que se sentara en una silla y entonces la pintaba.
                Diego Rivera era ya uno de los artistas más importantes del mundo y pintaba solo aquello que quería o le llamaba la atención. Difícilmente hacía cuadros por encargo. Pero por tratarse de Jesús Zambrano había hecho una excepción.
                Tres meses duró Diego Rivera en casa de Zambrano. Cuando terminó le preguntó cuánto le iba a cobrar. Se quedó serio.
                --Ni un centavo –respondió--. Me he pasado en su casa unas vacaciones increíbles. Disfruté de comidas y bebidas exquisitas. Así que no me debe nada.
                --No, señor –le dijo--. Debo pagar este trabajo. Esto no puede quedar así. ¿Cuánto le debo?
                --En verdad no es nada, Don Jesús –reiteró Rivera.
                --Por favor, cóbreme –insistió.
                Rivera se negó una y otra vez. Ante la insistencia, el reconocido pintor y muralista propuso una cantidad: 50 mil pesos.
                --Pero le voy a pedir un favor, don Jesús. Haga el cheque a nombre del Partido Comunista.
                La petición le cayó a Zambrano como balde de agua fría. Él representaba, como la mayoría de los empresarios de Monterrey, el ala conservadora de la sociedad mexicana, y las tendencias comunistas de Diego Rivera eran incluso una conducta delictiva en aquel tiempo.
                --Le propongo esa cantidad si me quiere pagar el cuadro, pero si no, no me debe nada --dijo Diego, intentando ganar la partida.
                Pero en contra de lo que él mismo esperaba y de todos los pronósticos, Jesús Zambrano le extendió el cheque a nombre del Partido Comunista.

Después de Usted (2014).
Rubén Aguirre

lunes, 15 de agosto de 2016

Retratazo

El compositor estadounidense George Gershwin pidió a su amigo el pintor mexicano David Alfaro Siqueiros un retrato. Aceptada la idea, llegó al día siguiente a su elegante apartamiento de Park Avenue, en Nueva York, con una tela de 40 por 60 centímetros, aproximadamente.
Pero para ese entonces el cliente ya había cambiado de idea.
Después de observarla un momento, George dijo:
--Anoche he estado pensando, por qué no me pintas mejor un retrato de cuerpo entero.
--En ese caso —le dijo— tendré que venir mañana con una tela mayor, cuando menos con una tela de 1.80 metros de alto por algo así como 1.25 de ancho.
Encargó la tela, y se presentó con la tela convenida para el retrato convenido.
Cuando Siqueiros disponía del material necesario para comenzar la obra, ocurrió algo inesperado. Una vez más George había cambiado de opinión.
--Sabes —le dijo— que me gustaría que me pintaras tocando el piano y de ser posible en el foro del teatro.
Y así la idea original del retrato había devenido en un pequeño mural.
                --George —replicó Siqueiros— lo que tú quieres ya, en realidad, es un pequeño mural... pero lo haremos.
En una tela de 3 metros de largo por 2 metros de ancho, empezó, por fin, ya definitivamente, el retrato de George Gershwin. Muchos meses pasó trabajando en una pequeña pieza del elegante apartamiento de Gershwin. Pintó al músico referido tocando el piano en el inmenso foro del teatro ¡y a todo el teatro! El teatro que pintó, tenía capacidad para algo así como unos 50.000 espectadores. En efecto, con un procedimiento impresionista pintó multitudes y multitudes y multitudes, de tal manera que no queda un solo lugar de la tela en que no haya un minúsculo puntito correspondiente a un espectador de cuerpo entero, aunque sólo se le viera la cabeza. Naturalmente, en aquel enorme conjunto de pisos y pisos curvos, con palcos y palcos y localidades de todas especies, el retrato mismo de George Gershwin no podía ser más grande que de 10 o 15 centímetros. Y el piano, en su equivalente.
Cuando el retrato estuvo terminado, George Gershwin le dijo:
--Tu cuadro es maravilloso, Siqueiros. E indudablemente ya nadie, ni el mejor pintor del mundo, podría hacerle algo más. Pero yo, sin embargo, tu amigo músico, pintor también de talento, según tu amable opinión, quiero pedirte un favor: que en las primeras localidades del lunetaria, pintes a todos los miembros de mi familia, a mi papá ya muerto, al más querido de mis tíos, hermano de mi padre, ya muerto también, a la esposa del más querido de mis tíos, igualmente fallecida, pero también a mi mamá, que vive, y a mi hermano el despilfarrador y a mi primo el tramposo y al otro que, estudiando para cura acabó siendo gigoló. Y si te sobran lugares, por favor pinta también a los dos buenos administradores que he tenido en mi larga carrera musical, porque de hecho todos los otros fueron unos ladrones, y a esos no los pintes, y si los pintas, píntalos de manera inconveniente para ellos.
Con infinita paciencia el pintor puso nuevamente manos a la obra. Empezó, por localizar las fotografías de los ya muertos que tenían derecho a ser retratados. Después, a fijar fechas para las sesiones de pose de los vivos. Y entre ellos, naturalmente su mamá. Con los retratos de los inexistentes y las periódicas sentadas de los existentes, trabajó y trabajó, casi con plan de miniaturista, porque son figuras que tienen dos centímetros, cuando mucho, en aquel inmenso conjunto, hasta dejar totalmente terminado el cuadro.
La terminación de su retrato casi enloqueció a George Gershwin de alegría. Aquello había que celebrarlo de la mejor manera posible, y la mejor manera, según ambos, era un banquete con treinta muchachas en el cual sólo Gershwin y Siqueiros fueran los varones. Y así se hizo. El banquete tuvo lugar en el Waldorf Astoria de Nueva York.
Casi temblando, George Gershwin dijo entonces:
--Jamás hubo en la historia del mundo dos moscas más ahogadas por la miel que nosotros...
Sin embargo, el entusiasmo de Gershwin por su retrato no decreció aquella noche. En un momento dado le pidió a Siqueiros que salieran al corredor. Ya en el corredor le dijo al pintor:
--A ese retrato, Siqueiros, le falta algo.
--¿Cómo? —le dijo con la voz completamente ahogada. —George, si hay 50,000 espectadores y como tú ya empezaste a tocar ya cerraron las puertas y no dejan entrar a nadie ¡creo que esto lo prohibirían hasta los mismos bomberos! No, George, no, yo soy el primero en impedir que alguien te interrumpa.
Después, lentamente, separando cada una de las palabras, con voz cada vez más baja, con voz descendente, le dijo:
--¡¡Le faltas tú!!
Al principio no comprendió lo que quería decir con aquello, y sintiéndose un poco lastimado le dijo:
--¡Cómo!, ¿tienes la impresión de que no parece una obra mía?
--No —le dijo— le faltas tú mismo, tú, en persona. ¡Le falta tu autorretrato!
Pegando un salto, le dijo:
--Pero a dónde lo meto, ¡si ahí ya no cabe ni un perro pequinés metido debajo de los asientos!
George Gershwin fue implacable: faltaba Siqueiros  y se tuvo que pintar, metiendo la cabeza en un rincón del foro, y precisamente al lado de los focos, de esos que queman más que una estufa de gas.
Siqueiros concluye la crónica de aquel trabajo tan peculiar haciendo una advertencia a quien vea el cuadro: “El que observe el retrato tendrá que trabajar bastante para descubrirme a mí en aquel concierto ultramonumental de George Gershwin, en un teatro inexistente y rodeado milagrosamente de todos sus parientes muertos y de todos sus parientes vivos...”

Me llamaban el Coronelazo (1977).
David Alfaro Siqueiros

martes, 11 de agosto de 2015

Tendidos


Al compositor Silvestre Revueltas le gustaba hacerle bromas a su amigo José Clemente Orozco, el gran muralista; así, un día le comentó con cierta sorna, lo que le aconteció en una visita que hizo al Hospicio Cabañas, en Guadalajara, espacio que alberga una parte esencial de la obra del muralista:
--Estuve en Guadalajara y me tendí bajo la cúpula del hospicio, pero el conserje se dio cuenta y me levantó indignado.
El que se indignó, al escuchar esto, fue Orozco.
--¡Qué idiotez!, --exclamó--. Cuando estuve en Roma, me pasé horas y horas tendido bajo la cúpula de la Capilla Sixtina, viendo los frescos de Miguel Ángel, y nadie me dijo nada.
Todo se aclaró, al decirle Revueltas:
--Pero había una diferencia: tú te acostaste boca arriba y yo boca abajo.
Orozco estalló en carcajadas.

José Clemente Orozco. Antología Crítica (1982).
Teresa del Conde

domingo, 12 de octubre de 2014

Reclamo


Una mujer muy pintada criticó al pintor François Hyacinthe Rigaud un retrato que le había hecho...
--Estos colores no son los de mi cara.
--Pues me extraña, señora, porque los compramos en la misma tienda.

Revista en Red

sábado, 13 de septiembre de 2014

L'enfant Terrible


En el año de 1968, José Luis Cuevas se encontraba en Santo Domingo dando conferencias sobre pintura. En esos días, una escritora de triste memoria denunció a un grupo de intelectuales como responsables de la masacre de Tlatelolco. Algunos amigos de Cuevas le aconsejaron regresar a México, pues corría la voz de que había huido por temor a la cárcel, y lo hizo enseguida. Cuando llega a la Ciudad de México, la prensa y la televisión lo esperaban. Un periodista le preguntó:
--¿Está usted de parte de los estudiantes?
--Claro que sí. ¿No le parece lógico? –contestó Cuevas. --¿Quisiera acaso que estuviese de parte de los granaderos?
Otro periodista le preguntó:
--¿Va a responder a la señora escritora que le hace tan graves cargos?
--Déjeme pensarlo, porque no me gusta contestar a tontas y a locas.

Confesiones de José Luis Cuevas (1975).
Alaíde Foppa

jueves, 11 de septiembre de 2014

Porquería Necesaria


Diego Rivera se presentó a la ventanilla de cobro de una revista propiedad de Regino Hernández Llergo para recibir su paga por una colaboración.
--¿Cómo es que siendo usted anticapitalista, habiendo dicho que el dinero es una porquería y una maldición, viene usted a cobrar? –Preguntó el cajero al pintor.
--Precisamente por eso –contestó--. El dinero que cobro, por poco que sea, es un poco menos de dinero para los capitalistas.
                                

Memorias de un Reportero (1965).
Roberto Blanco Moheno.

domingo, 31 de agosto de 2014

El Proyecto de Los Tres Amigos


En 1939, el pintor e ilustrador Miguel Covarrubias trabajaba en un libro titulado Mexico South, hasta que su viejo amigo el director y compositor Carlos Chávez y su nuevo amigo el periodista Salvador Novo le propusieron un proyecto fílmico de dibujos animados y le pidieron que fuera socio de ellos para producirlo: querían las ideas de Miguel para el guión y sus trabajos artísticos animados para la película. Iba a ser muy divertido… Miguel no pudo negarse.
La película se llamaba La Creación del Mundo. Era un relato sobre la tierra, el aire, el fuego y el agua, personificados en cuatro dioses juguetones que crean el mundo y todo lo que contiene. Como fuentes de información, los tres bisoños productores fílmicos echaron mano de antiguos mitos americanos de la creación y colaboraron en la formación de un guión factible. La música sería compuesta por Chávez, cuya obra orquestal era bien conocida en México por sus temas nacionalistas.
El indigenista Alfonso Caso, mentor de Miguel, echó un vistazo a lo que habían hecho los jóvenes y quedó entusiasmado. “No está bien, ¡está muy bien!”, le dijo a Chávez, y les dio ánimos para seguir. Con ese aliento, Chávez escribió a Walt Disney, al que conocía, para averiguar si la idea le interesaría a la empresa Disney, y descubrió que el cineasta ya estaba trabajando con Leopold Stokowski en un largometraje que habría de convertirse en la revolucionaria película Fantasia. Sus relatos y sus estilos eran demasiado parecidos. Los tres amigos abandonaron el proyecto y sin duda llegaron a la conclusión de que, cualquiera que sea el origen étnico, los grandes espíritus van en la misma dirección.


Covarrubias (1994).
Adriana Williams

jueves, 21 de agosto de 2014

Autógrafo Corporal


Pablo Picasso se encontraba descansando en una playa del sur de Francia cuando se le acercó un niño con un papel y éste le pidió un dibujo dedicado.
El pintor rápidamente se percató que el pequeño había sido enviado por sus padres con el fin de conseguir una obra suya gratis.
Picasso se deshizo del papel y pintó el autógrafo en la espalda del crío.
Días más tarde, en una reunión entre amigos relató lo sucedido y comentó entre risas:
--Me gustaría saber si lo han vuelto a bañar…

20minutos.es (2011)
Alfred López

sábado, 19 de julio de 2014

Dando una Mano de Pintor


En alguna ocasión que José Luis Cuevas enfermó gravemente dijo a la prensa: “Este será el año de mi muerte”. Entonces el retratista José Luis Pasajes lo llamó por teléfono diciéndole que siempre había querido dibujar a una persona enferma en todo el proceso de su gravedad, hasta llegar a la muerte.
            Cuevas se sintió algo molesto y le dijo:
--Mire usted, tengo la exclusividad de mis propios retratos.
Pero Pasajes con ingenuidad macabra le respondió:
--Entienda, Cuevas, que llegará un momento en que ya no podrá sostener una pluma o un lápiz, y ahí estará Pasajes para sustituirlo.
La respuesta le hizo gracia a Cuevas y aceptó retratarse.
Por cierto, José Luis Cuevas, involuntariamente defraudó a Pasajes pues no murió como lo había pronosticado.

Confesiones de José Luis Cuevas (1975).
Alaíde Foppa

jueves, 19 de junio de 2014

La Filosofía del Beso


David Alfaro Siqueiros durante la inauguración de una de sus tantas exposiciones, rodeado de admiradores y admiradoras, una hermosa señora se lanzó sobre el pintor y le plantó un beso en la cara, tan cerca como pudo de los labios. Dominó el salón pletórico del Palacio de Bellas Artes la voz guerrera de Angélica, su esposa:
--¡David!
Dio vuelta el rostro inocente del pintor:
--Pero, hija, mujer que besa en público no besa en privado.

Los Presidentes (1986).
Julio Scherer García.

Rostro y Alma


En una conversación que celebraron el presidente en turno Luis Echeverría Álvarez y el periodista Julio Scherer García, Echeverría aprovechó la reunión para presumir un retrato de él pintado por el ecuatoriano Oswaldo Guayasamín.
--¿Qué opinas? –preguntó el presidente.
--No me gusta. Nada.
--¿Por qué?
--No sé, pero no me gusta. Es usted y no es usted.
Sonrió Echeverría, se quitó los anteojos y lo miró sin parpadear. Scherer lo vio con calma y descubrió una cara triangular, cruel. A lo que Scherer opinó:
--Su cara es muy dura, señor presidente. Me impresiona su gesto. Temible, si he de decirle la verdad.
--Guayasamín me lo hizo notar. El rostro del cuadro es mi verdadero rostro.
Varios años después Scherer García entrevistó a Guayasamín y le preguntó por el cuadro del presidente Echeverría y le hizo notar que le había llamado la atención el gesto cruel de su rostro triangular. Guayasamín contestó:
--Los anteojos son superficiales. El alma es como es.

Los Presidentes (1986).
Julio Scherer García.

lunes, 28 de abril de 2014

El Conejo Amante


El famoso pintor Salvador Dalí y su mujer Gala, cuando eran ya muy mayores, tenían un conejo amaestrado al que querían mucho y que no se alejaba nunca de ellos. En una ocasión tenían que hacer un largo viaje y estuvieron discutiendo hasta muy entrada la noche qué hacer con el conejo. Era complicado llevarlo y era difícil confiárselo a alguien, porque el conejo desconfiaba de la gente. Al día siguiente Gala cocinó y Dalí disfrutó de una comida excelente hasta que comprendió que estaba comiendo carne de conejo. Se levantó de la mesa y corrió al retrete donde vomitó al amado animalito, al fiel amigo de su vejez. En cambio Gala estaba feliz de que aquel a quien amaba hubiera penetrado en sus entrañas, las acariciara y se convirtiera en parte del cuerpo de su ama. No existía para ella una realización más perfecta del amor que la de comerse al amado. En comparación con esta fusión de los cuerpos, el acto sexual le parecía sólo una ridícula cosquilla.

Anecdotario de Escritores
Neorrabioso

lunes, 21 de abril de 2014

Una Leyenda de la Residencia de Estudiantes


En la Residencia de Estudiantes de Madrid existe una habitación que ocuparon Federico García Lorca y Salvador Dalí donde vivían juntos. Se peleaban todos los días y pasaban tiempo sin dirigirse la palabra, hasta el punto de que llenaban el cuarto de arena y hacían caminitos individuales desde la puerta a la cama, desde la cama al lavabo y ponían macetas con flores en los bordes y en el cruce para andar sin rozarse ni hablarse.

Anecdotario de Escritores
Neorrabioso

domingo, 20 de abril de 2014

Extraño Método de Inspiración


En el patio del Museo “José Luis Cuevas” se encuentra La Giganta, un bronce que pesa ocho toneladas y mide ocho metros de altura. La idea de cómo se gestó esta fantástica escultura nos la narra el autor:
“Cuando en el museo se inició el trabajo de restauración, se levantó el piso del patio y comenzaron a salir cientos de ratas, ratas por todos lados. Una mañana llegué y no llevaba mis lentes –no veo de lejos–; de pronto vi una pirámide negruzca en el centro del patio y pregunté qué era eso. Me explicaron entonces que era un gran cerro formado con un número increíble de ratas que los trabajadores habían matado. Entonces dije: aquí, en este sitio, voy a erigir una escultura que sea de gran tamaño. Fue así como surgió la idea de La Giganta”.


José Luis Cuevas, Un Artista Adelantado a su Época.
Gaceta de la Universidad Veracruzana. Núm. 55-56, Julio-Agosto, 2002.
Patricia K. Deschamps

viernes, 18 de abril de 2014

El Más Cobarde de la Noche


La cobardía de Salvador Dalí, además de proverbial, era cultivada con esmero por su dueño. Cuando estudiaba en España, el pintor acompañó un día a Luis Buñuel y Federico García Lorca a un bar de mala fama en Madrid. Estalló una pelea. Buñuel se lo pasó bomba mientras duró aquel espectáculo. Cuando todo acabó, se dio cuenta de que sus dos amigos se habían esfumado. Un poco más tarde los encontró en una callejuela cerca del café: estaban discutiendo acaloradamente, compitiendo por el título de "el más cobarde de la noche". Los dos se mostraban seguros y ufanos de haberlo merecido.


Anecdotario de Escritores
Neorrabioso

domingo, 13 de abril de 2014

Lógico


Cuando le decían al pintor James Whistler que John Ruskin, su encarnizado enemigo, sabía mucho de arte porque ya de niño había frecuentado los mejores museos de Europa, el pintor contestaba:
--Eso no quiere decir nada. Si fuese verdad, los que más entenderían de arte serían los vigilantes de los museos.

Despistado


               Pablo Picasso, era un gran aficionado a los toros y nunca dejó de asistir a las corridas aun estando en Francia. Una tarde, en el transcurso de una corrida que presenciaban Picasso y Eugenio Arias, su barbero particular, un picador le brindó la faena al genial pintor, lanzándole su sombrero. Picasso se lo devolvió con un dibujo que había improvisado durante el transcurso de la misma. Más tarde, al finalizar el espectáculo, el picador le comentó a Eugenio Arias que uno de los toreros que intervenían en la fiesta le había ofrecido, nada más y nada menos, que cincuenta duros por su sombrero. Arias le aconsejó que lo recuperara porque había hecho un muy mal negocio. Años más tarde, se volvieron a encontrar el barbero y el picador y éste le agradeció efusivamente el consejo que Arias le había dado en aquella ya lejana oportunidad, ya que gracias a la venta del "famoso" sombrero había podido comprarse una casa.