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viernes, 7 de abril de 2023

Sorprendiendo al Poeta

         Alvaro Obregón, ya siendo presidente de la República, paseaba por la Alameda con dos ayudantes, cuando se le presentó un joven que dijo ser poeta y le pidió permiso para saludarlo y recitarle un soneto. Concedida la autorización, y recitado el poema, Obregón le dió una palmada en el hombro y le dijo:

--Muy bien que te guste la poesía, joven, pero lástima que te atribuyas poemas que no son tuyos. Ese es un buen soneto, y desde hace tiempo lo sé de memoria...

Y entonces se lo recitó, de pe a pa. El joven poeta se puso pálido y balbuceó algo, pero Obregón se apresuró a tranquilizarlo:

--No te preocupes, lo que pasa es que yo tengo una memoria muy buena, y como me gustó tu soneto, me lo acabo de aprender.


Memoria y Olvido. Vida de Juan José Arreola (1920-1947) (1994).

Fernando del Paso

domingo, 12 de diciembre de 2021

Cadáver Parlante

 


     Una de las mayores incompetencias militares de la historia tuvo lugar en la guerra greco-turca de 1919. Los griegos, independientes del Imperio Otomano desde 1823, decidieron intervenir en la Primera Guerra Mundial con el fin de ampliar sus fronteras en territorio turco. El objetivo principal era hacerse con la estratégica ciudad de Estambul, la antigua Constantinopla griega, el puerto que comunicaba dos mares. Cuando finalizó la guerra, el gobierno de Eleuterio Venizelos reclamó a los aliados vencedores en la contienda los territorios prometidos que afectaban al vencido y humillado Imperio Otomano: entre ellos la costa de Jonia y el Mar Negro, Estambul y Tracia. Pero ante la delicada situación geopolítica se decidió que Grecia mantendría sus fronteras. Ofendidos y engañados, los griegos decidieron que lo que no conseguían en los despachos lo lograrían por medio de las armas. Nombraron al general Georgios Hajianestis como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas griegas, un excelente militar pero que había desarrollado una enfermedad mental durante la contienda mundial. El ejército griego atacó Turquía pero el general dirigió a sus tropas desde la distancia, postrado en la cama como consecuencia de una neuralgia. Las tropas turcas las dirigía el padre de la nueva patria, Kemal Ataturk. El 26 de agosto de 1922 tuvo lugar la decisiva batalla de Dumlupinar, que iba a suponer la debacle griega y el fin de la carrera militar de Hajianestis. Los turcos iniciaron el ataque pero el general griego decidió en ese momento que había muerto y en tal estado de locura se negó a dar órdenes militares a sus tropas. Lo argumentó diciendo que nadie se atrevería a obedecer a un cadáver parlante. El alto mando griego incapacitó a su jefe supremo pero cuando lo hizo el enemigo turco había ganado la batalla. Incluso su sustituto, el general Tricoupis se enteró de su nombramiento cuando se hallaba detenido. No hubo conmiseración con Hajianestis. Fue juzgado y condenado a muerte por «esquizofrénico». Un batallón de fusilamiento acabó con su vida.


Las Hemorroides de Napoleón (2009).

José Miguel Carrillo de Albornoz

domingo, 13 de septiembre de 2020

Aparatos Científicos


          El general carrancista, Fortunato Maycotte, en una ocasión arribó con su ejército a la Ciudad de México. El general iba a la cabeza de sus fuerzas y al pasar por la avenida de Plateros vio que en la casa de Calpini había este anuncio en letras de oro: “Lentes, teodolitos y toda clase de aparatos científicos”.

          Inmediatamente detuvo la marcha de su columna y entró con caballo y todo a la tienda de ópticos para reprochar al comerciante:

          --Señor Calpini, o como se llame usted –le dijo— me va a quitar en estos momentos ese letrero que dice aparatos científicos. Ponga, si acaso quiere poner algo honrado y bueno, aparatos constitucionalistas y entonces hasta yo le compro.


          NOTA: “Los Científicos”, nombre con el que se dio a conocer un grupo conformado por representantes de la burocracia, terratenientes, latifundistas, comerciantes e intelectuales que representaban la clase más elevada durante el Porfiriato.


Anécdotas de la Revolución Mexicana 1910-1917 (2019).

José Ramos

domingo, 12 de julio de 2020

Humilde Opinión

         
          En 1813, tras la captura de Oaxaca, el jefe insurgente José Miguel Fernández Félix adoptó el nombre de “Guadalupe Victoria”. Su compañero de armas, Manuel  de Mier y Terán, dijo que era tan ridículo como si él quisiera llamarse “Américo Triunfo”.

9 Anécdotas Que (Seguramente) Desconocías de la Independencia (2013).
mexico.cnn.com
Juan Pablo Mayorga y Alfredo Ávila

sábado, 24 de agosto de 2019

Paciente Impaciente


El doctor Scheveninger era el médico del canciller Otto von Bismarck. Al parecer, Bismarck contestaba de mala gana a las preguntas que le hacía el médico. Un día, quizá porque se sentía especialmente mal, no quiso responder a ninguna de ellas, El médico le dijo:
--En este caso, es mejor que consulte con un veterinario.
El Canciller de Hierro se enfureció y le preguntó por qué:
--Los veterinarios nunca hacen preguntas a sus pacientes –dijo Scheveninger.

Las Anécdotas de la Política. De Keops a Clinton (1994).
Luis Carandell

lunes, 17 de diciembre de 2018

El Orígen de la Palabra Gringo

    

    
     Winfield Scott, general del ejército invasor estadounidense, tomó posesión de la Ciudad de México el 14 de septiembre de 1847. Entre el ruido marcial de cornetas y tambores, un capitán del regimiento de Fusileros, de apellido Roberts, iza la bandera norteamericana en lo alto de Palacio Nacional. Es uno de los acontecimientos políticos más graves en la historia de México.
                Las tropas deambulan por las calles de la ciudad entonando una tonadilla de “vulgaridad sobresaliente”: Green grow the bushes.
                A partir de entonces, los habitantes de la ciudad comenzarán a llamar a los invasores los “green grows”: o los “gringos”.

La Ciudad Oculta, Tomo 1 (2018).
La Orgía de las Margaritas.
Héctor de Mauleón.

martes, 13 de noviembre de 2018

Al Exilio



Maximino Ávila Camacho acostumbraba a codiciar los logros ajenos haciéndose de manera fácil de lo que le gustara. Tuvo una “idea brillante” con respecto a su compadre, el empresario mexicano Anacarsis Peralta, mejor conocido como Carcho Peralta. Una tarde de la segunda mitad de 1942 se presentó en el despacho de Anacarsis, presionándolo para que le vendiera la empresa del Toreo de la Condesa. Por supuesto que Carcho se negó.
--Ya te expliqué, y de sobra lo sabes, que este es mi negocio: yo lo hice y yo te invité, participándote de los beneficios que produce mi trabajo.
Maximino mencionaba que no le gustaba como Carcho estaba manejando las finanzas, alegando esto como excusa para presionar sobre la venta. Carcho le dijo:
--Sabes que eres un tal por cual y conozco tus métodos, pero a mí no me vas a amedrentar y aunque tengas tus pistoleros a sueldo aquí estamos tú y yo, y tú también traes pistola, sácala y nos morimos los dos, pero tú te vas primero.
Ante tal valentía, Maximino, no se atrevió a intentar nada en el momento, sin embargo, un teniente coronel, jefe de ayudantes de Maximino, pero amigo también de Carcho, lo buscó al día siguiente para decirle que Maximino estaba furioso porque lo retó y se negó a vender el negocio. “Ya ordenó que te busquen y te asesinen. Vete de México en cuanto puedas”.
La esposa y hermanas de Carcho, le rogaron que dejara el negocio y se fuera por un tiempo.
A los pocos días, Carcho tomó un avión con destino a Sudamérica (Brasil y Argentina), un “exilio voluntario” al que se sumó su querido amigo Gilberto Guajardo.
Sobra decir que Maximino no sólo se adueñó de la empresa taurina, pagando el precio que le dio la gana. También se apoderó del Rancho San Manuel que Carcho tenía en Puebla.
Mas con todo, Anacarsis no perdía su buen humor. Antes de tomar el vuelo, Gilberto le comentó:
--A ver cómo nos va, Carcho, porque yo llevo poco dinero.
--No te preocupes, yo traigo aquí unos centenarios.
--¡Pero si está prohibido sacarlos de México, Carcho! Seguro que tendremos problemas.
--Mira, si tienes miedo adelántate y yo los paso. Toma, llévate mi abrigo.
Pocos minutos después, ya en el aire y sin que hubiera habido novedad, Gilberto le preguntó:
--Oye, ¿cómo te fue con la pasada?
--¿Con qué? –respondió Carcho.
--¡Pues con los centenarios!
--¿Los centenarios? ¡Fuiste tú quien los pasó en mi abrigo…!


Hotel Regis (2015).
Sergio Peralta Sandoval

jueves, 29 de marzo de 2018

Vírgenes Guerreras


Durante la guerra de independencia de México, la Virgen de Guadalupe era el símbolo de los Insurgentes. Los españoles tomaron como estandarte a la Virgen de los Remedios. Así es que cuando llegó a haber enfrentamientos entre ejércitos, sobre todo en el tiempo de Morelos, unas tropas llevaban por delante a la Guadalupana y las otras a la de Los Remedios.
                Cuando las tropas Insurgentes tomaban una ciudad en manos de los realistas, entraban a los templos y sacaban cuanta imagen encontraran de la Virgen de los Remedios, llamada La Generala por los españoles; y por absurdo que resulte, las colocaban a todas en el paredón, ¡y las fusilaban!
                En respuesta, los realistas, en los territorios que controlaban, reunían imágenes de la Guadalupana y correspondían igual: fusilaban a la Virgen.

El Mito Guadalupano (2010).
Juan Miguel Zunzunegui 

sábado, 3 de febrero de 2018

Primera Vez

El 19 de junio de 1867 fueron ejecutados en el cerro de las Campanas de la ciudad de Querétaro, en México, el emperador Maximiliano y dos de sus ayudantes, Miguel Miramón, gran mariscal del ejército y Tomás Mejía. Uno de los miembros del consejo de guerra que los juzgó trató de facilitar la huida a este último, pero, fiel al emperador, Mejía prefirió morir con el desgraciado Maximiliano. Cuando estaban en el cerro rodeados de soldados, oyeron un toque de corneta y el emperador preguntó a Tomás:
—¿Es ésta la señal de la ejecución?
Mejía respondió:
—No lo sé, majestad. Es la primera vez que me ejecutan.

Las Anécdotas de la Política. De Keops a Clinton (1994).
Luis Carandell

domingo, 22 de mayo de 2016

Gringo Visionario


En 1836, luego de la desastrosa guerra de Texas, el general Antonio López de Santa Anna cayó prisionero. A un soldado estadounidense le pareció curioso verlo masticando y masticando sin tragar lo que comía. Entonces le preguntó lleno de curiosidad, qué era aquello inacabable a lo que don Antonio respondió regalándole un pedazo de goma obtenida del árbol de chicozapote que al probarla tenía un sabor dulce. Tiempo después vino el estadounidense a México para adquirir más de aquella goma a la que agregó diversos sabores. El visionario empresario estadounidense fundó una gran compañía; a partir de entonces decidió firmar exclusivamente con su apellido. En poco tiempo los anuncios lo volvieron famoso con una sola palabra: Adams.

Anecdotario Insólito de la Historia Mexicana (2008).
Alejandro Rosas

sábado, 21 de mayo de 2016

Igualitos


En 1915, Venustiano Carranza creó la Fuerza Aérea Mexicana. Dos años más tarde, se estableció en México la primera escuela militar de aviación, cuyo director fue Alberto Salinas. De esa escuela surgieron dos magníficos pilotos: los hermanos jaliscienses Guillermo y Rafael Ponce de León, quienes después de alcanzar varios ascensos en su carrera de aviadores militares, participaron en la política como diputados por su entidad, en el año de 1925.
Cierto día, un general que necesitaba hablar con uno de los referidos hermanos, llamó por teléfono a la casa donde ambos vivían. La llamada fue recibida por un asistente, con el que el general sostuvo este diálogo:
-- Bueno, ¿a dónde hablo?
-- A la casa de los hermanos Ponce de León.
-- Deseo hablar con uno de ellos, pero no recuerdo cómo se llama. Es un gordito él.
-- Los dos son gorditos, señor.
-- No la joda. Ya sé, con el que es aviador militar.
-- Lo siento, señor, pero los dos son aviadores militares.
Ya alterado, el general dijo entonces:
-- ¡Me lleva el carajo! Comuníqueme entonces con el que sea más hijo de la chingada de los dos.
-- Lamento no poder servirle, pues los dos son igual de hijos de la chingada --dijo el asistente y  colgó la bocina.

Anecdotario Mexicano. Ingenio y Picardía (1982).
Jorge Mejía Prieto

viernes, 11 de marzo de 2016

Prohibido Voltearse

Finalizaba 1923 y México estaba en armas una vez más; la rebelión delahuertista contra la imposición de Calles tenía intranquilo al presidente Obregón. «Mi constante preocupación eran las defecciones —recordaba el caudillo—: ya se volteó Estrada; se voltearon Diéguez y Alvarado; en cada mensaje sin necesidad de leerlo, adivinaba yo la noticia: una volteada más».
Una noche, mientras dormía con su esposa, el general comenzó a roncar. Doña María Tapia lo movió para que dejara de hacerlo:
--¡Voltéate, Álvaro, voltéate!.
 Tal era su obsesión con los levantamientos armados, que aún medio dormido, le dijo:
--¿Voltearme yo? Sería el colmo; ¿yo voltearme?, ¿contra quién?, ¿contra el gobierno, es decir, contra mí mismo? ¡Y tú me lo aconsejas!…
 A lo que respondió María:
--¡Nooo, te digo que te voltees y te acuestes de lado, porque bocarriba roncas…

99 Pasiones en la Historia de México (2012).
Alejandro Rosas

El Peor Enemigo del Rey


Cuando murió Napoleón en la isla de Santa Helena, durante el mes de octubre de 1815, la noticia era importante y un mensajero se apresuró a darle la noticia al rey Jorge IV de Inglaterra diciendo:
--Majestad, vuestro peor enemigo ha muerto.
Seguramente Jorge IV sabía perfectamente a quién se refería el mensajero, pero para realizar una última humillación al Gran Corso y poner el primer clavo de desprecio sobre el ataúd, el rey inglés preguntó:
--¿Qué le ha pasado a mi mujer?

Curistoria. Curiosidades y Anécdotas de la Historia (2013).
Manuel J. Prieto

miércoles, 20 de enero de 2016

Lealtad Canina


El General Porfirio Díaz recordó la asombrosa historia del perro del oficial francés Enrique Tarre la mañana del 31 de mayo de 1911 en Veracruz, momentos después de haber abordado el Ipiranga que lo llevaría al exilio, reconociendo la fidelidad absoluta que un perro puede profesar por su amo.
El oficial Tarre llegó con el cuerpo expedicionario francés al mando del mariscal Aquiles Bazaine después de la caída de Puebla en 1863. Sin embargo, no llegó solo a México, al desembarcar en Veracruz lo acompañaba su perro.
Enrique Tarre y su perro se aprestaron para lo que mejor sabían hacer: entrar en combate. Tarre fatídicamente murió. Su cuerpo yacía en el campo de batalla resguardado por los desgarradores aullidos de un perro que desesperado rondaba a su amo. Los republicanos intentaron acercarse a recoger el cadáver pero el perro adolorido se lanzó feroz contra ellos sin permitirles dar un paso. Cuando finalmente lograron acercarse, el general Díaz tomó la espada y al perro de Enrique Tarre, escribió presurosamente una nota y se los envió al mariscal Bazaine, haciendo una relación de la heroica muerte del oficial y describiendo conmovido cómo aquel triste animal había defendido el cuerpo sin vida de su amo. Díaz solicitó que la espada y el perro fueran entregados lo antes posible a la familia del caído. La espada como símbolo de su valor en batalla, el perro como homenaje a la gratitud.

Las Dos Caras de la Historia. Revolución Mexicana (2010).
"El Perro del Oficial Tarre"
Sandra Molina Arceo

domingo, 18 de octubre de 2015

Tiznados


Ireneo Rauda Acosta, fue un gran general de brigada, que se distinguió por su sagacidad, y gran capacidad para el combate y la estrategia militar, pero decían sus compañeros de la milicia que no tenía una gran preparación académica, y que era un tanto cuanto distraído por lo que era presa de bromas, propiciadas por él, voluntaria e involuntariamente.
En una ocasión un general amigo de él, lo invitó a una comida en la que estarían otros militares. Sabedores de su incipiente preparación y de su distracción, el general anfitrión pidió a los meseros colocar un plato en la mesa en cada uno de los lugares y junto a cada uno de ellos una cuchara, pidiendo a los meseros que en el lugar destinado al General Rauda pusieran solamente el plato sin cuchara. Luego y durante la reunión el general anfitrión ordenó a los meseros servir sopa en cada plato, pero antes de empezar a comer, el anfitrión dirigió unas palabras a los invitados; así lo hizo y al término del discurso dijo:
--¡Ahora sí! ¡A comer! ¡Y que tizne a su madre el que no se coma la sopa con cuchara!
Los militares no podían contener la risa. Ante la molestia del General Rauda, disimulando su gran coraje, agarró una tortilla y doblándola y como haciendo un pequeño cucurucho con ella, se comió la sopa como pudo. En seguida, el anfitrión pidió a los meseros sirvieran el siguiente platillo. Luego de servirlo y antes de empezar a degustarlo, el General Rauda pidió dirigirse a los invitados mediante un breve mensaje. Le fue concedida la palabra. En el mensaje agradeció a quienes lo habían invitado y al término de éste dijo:
--Bueno. ¡Pos ora sí! ¡A comer! ¡Y que tizne a su madre el que no se coma la cuchara!

Morelia a Través del Tiempo (Marzo, 2013).
Sandra Guajardo

sábado, 3 de octubre de 2015

Entre Fieras


Al finalizar los años treinta, Maximino Ávila Camacho, gobernaba como rey el estado de Puebla. Nadie hacía brotar de su corazón un destello de cariño, salvo su adorada mascota, a quien cuidaba con la devoción de un padre. Era un inmenso león africano y se llamaba “Chacho”. Maximino mandó construir una jaula para solaz y esparcimiento de su felino y con él se revolcaba jugando a las luchas: era su máxima adoración. Una mañana, Chacho amaneció muy enfermo. A petición de Maximino, intervino el doctor Manuel Cano, que sin ser veterinario advirtió que el animal agonizaba por lo que recomendó el diagnóstico y cuidados del veterinario Atanasio Zafra. Nada pudo hacer éste, Chacho murió a los pocos días. Temiendo que la ira de Maximino se desatara sobre el veterinario, el doctor Cano se las ingenió para salvar la situación: “Con todo respeto, el único culpable de la muerte de su león, es usted, mi general” –dijo el doctor--. El gobernador cambió su ya casi iracundo rostro por una mueca de desconcierto. El médico prosiguió: “Tanto le daba de comer, privándole del ejercicio que por naturaleza deben realizar estas fieras, que su estado sedentario llenó de grasa su corazón hasta convertirlo en un león con problemas cardiacos”. La explicación le pareció razonable a Maximino. Ambos médicos respiraron profundamente. Habían evitado la furia de la verdadera fiera.

Relicario Mexicano. (2001).
Alejandro Rosas.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Nombre Prohibido


Napoleón Bonaparte toma la corona española, y a su hermano mayor, José, lo envió a gobernar España. No contaba, sin embargo, con el pueblo español que se levantó contra el invasor francés. Murat, cuñado del emperador, reprimió bárbaramente los intentos heroicos –e inútiles-- que hicieron los españoles por resistirse a la invasión. Un catecismo que los curas de aldea hacían circular entre sus feligreses decía esto: “¿Es pecado matar a un francés? No, padre. Se gana el cielo matando a uno de esos viles opresores”. La gente dejó de pronunciar la piadosa jaculatoria que sigue usándose todavía en los pueblos de habla hispana a modo de asombrada exclamación: “¡Jesús, María y José!” ¿Cómo decir esa frase, si al decirla se tenía que pronunciar el nombre del odiado rey que Napoleón había impuesto? Se decía entonces: “¡Jesús, María y el esposo de Nuestra Señora!” Al rey lo llamó el pueblo “Pepe Botella”, haciendo burlona alusión a su vicio de beber.

Hidalgo e Iturbide. La Gloria y el Olvido. (2008).
Armando Fuentes Aguirre “Catón

martes, 11 de agosto de 2015

Devaluación


Es sabido que durante el período de la historia de México denominado el Maximato, gobernaron tres presidentes bajo la égida del Jefe Máximo, Plutarco Elías Calles. De los tres, tal vez el periodo más desafortunado fue el de Pascual Ortiz Rubio (1930-1932), quien, según la percepción popular, era títere de Calles, al grado que, según se dice, Calles devaluó el peso sin avisar a Ortiz Rubio: “Me hubieran dicho, para cambiar unos pesos que tenía yo”, se contaba que dijo el presidente”.

Historia Esencial de México (1996).
Armando Ayala Anguiano

El Primer Jefe


El término “carrancear” fue muy sonado durante la Revolución de 1910. La gente de la época lo relacionaba con la División Constitucionalista, de Venustiano Carranza. Al respecto, José Vasconcelos refiere que El Malasombra, como le llamaba a Carranza, “generó ese vocablo porque sus allegados eran proclives a llevarse el dinero y a engañar. De ahí que ‘se lo carranceó’ tiene su origen revolucionario”.
Por su parte, el General Álvaro Obregón ejemplificó los alcances del verbo “carrancear” al describir lo sucedido en la cena que Carranza ofreció en el castillo de Chapultepec al ministro de España, como una expresión de agradecimiento cuando España reconoció el régimen de Carranza.
Durante la comida el ministro español estuvo sentado entre Obregón y el yerno de Carranza, general Cándido Aguilar, que entonces era secretario de relaciones exteriores.
Carranza sentado frente al huésped de honor. De pronto el ministro de España se lleva la mano al chaleco y palidece:
—¡Caramba, me han robado el reloj! –grita--. Era un reloj antiguo de oro y brillantes, una joya, recuerdo familiar... –silencio completo.
Mira a Obregón que estaba sentado junto a él, precisamente del lado en que le falta el brazo.
—Yo no pude haber robado su reloj.
Mira a Cándido Aguilar, sentado del otro lado, pero tiene casi paralizada una mano, casualmente la que está junto al ministro español. Tampoco puede ser éste el autor del robo. Y convencido de que no recuperaría su alhaja, el diplomático pasó el resto de la comida murmurando dolorosamente:
—¡Me han robado mi reloj! ¡Esto no es un gobierno, es una cueva de ladrones!...
Al levantarse de la mesa, don Venustiano se aproxima a él con su aire grave y venerable y le dice:
—Tome usted y calle de una vez --y le entrega su reloj.
El diplomático no puede contener su asombro, el hombre frente a él tenía su reloj, y entonces grita con sincera admiración:
—¡Ah, señor Presidente! Por algo le llaman a usted “el Primer Jefe" –insinuando que lo era, pero de la banda.

La Revolución es la Revolución (2010).
Diario Milenio,
Juan Ignacio Zavala

sábado, 4 de julio de 2015

Como Dice el Dicho


Tras el triunfo de Hernán Cortés sobre Cuauhtémoc, los españoles cocinaron unos cerdos para festejar, y a falta de pan, decidieron probar lo que llamaban “el pan de los naturales”, refiriéndose desde luego a la tortilla de maíz, y así, las carnitas traídas por los hispanos cayeron dentro de la tortilla tan indígena, y el llamado conquistador se comió el primer taco; así lo relata el cronista Bernal Díaz del Castillo. Por eso se dice que, “a falta de pan, tortillas”.

Los Mitos que nos Dieron Traumas (2014).
Juan Miguel Zunzunegui