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domingo, 18 de octubre de 2015

Tiznados


Ireneo Rauda Acosta, fue un gran general de brigada, que se distinguió por su sagacidad, y gran capacidad para el combate y la estrategia militar, pero decían sus compañeros de la milicia que no tenía una gran preparación académica, y que era un tanto cuanto distraído por lo que era presa de bromas, propiciadas por él, voluntaria e involuntariamente.
En una ocasión un general amigo de él, lo invitó a una comida en la que estarían otros militares. Sabedores de su incipiente preparación y de su distracción, el general anfitrión pidió a los meseros colocar un plato en la mesa en cada uno de los lugares y junto a cada uno de ellos una cuchara, pidiendo a los meseros que en el lugar destinado al General Rauda pusieran solamente el plato sin cuchara. Luego y durante la reunión el general anfitrión ordenó a los meseros servir sopa en cada plato, pero antes de empezar a comer, el anfitrión dirigió unas palabras a los invitados; así lo hizo y al término del discurso dijo:
--¡Ahora sí! ¡A comer! ¡Y que tizne a su madre el que no se coma la sopa con cuchara!
Los militares no podían contener la risa. Ante la molestia del General Rauda, disimulando su gran coraje, agarró una tortilla y doblándola y como haciendo un pequeño cucurucho con ella, se comió la sopa como pudo. En seguida, el anfitrión pidió a los meseros sirvieran el siguiente platillo. Luego de servirlo y antes de empezar a degustarlo, el General Rauda pidió dirigirse a los invitados mediante un breve mensaje. Le fue concedida la palabra. En el mensaje agradeció a quienes lo habían invitado y al término de éste dijo:
--Bueno. ¡Pos ora sí! ¡A comer! ¡Y que tizne a su madre el que no se coma la cuchara!

Morelia a Través del Tiempo (Marzo, 2013).
Sandra Guajardo

martes, 17 de febrero de 2015

General en Campaña


Terminada la época de los tiros, el general mexicano Ireneo Rauda decidió hacer campaña para gobernador de su natal Michoacán. Lo primero que hizo fue contratar a un licenciado para secretario particular y saquear una hacienda a modo de hacerse de dos o tres carros de maíz. Al llegar a un pueblo miserable, Apaseo, hizo tronar docenas de cohetones, ordenó a la banda que tocara algunas piezas, le dio de foetazos al cura para que las campanas se echaran al vuelo y reunida la gente en la plaza mayor procedió a ordenar a su gente que repartiera sacos de maíz al pueblo muerto de hambre, iniciando luego su discurso:
--Pueblo de Michoacán. Al empezar mi campaña para gobernador…
El licenciado, su secretario particular, le hizo una seña discreta. Rauda volteó hacia él inquiriendo la causa. El licenciado le susurró:
--Aquí todavía no es Michoacán. Es Guanajuato…
Rauda hizo una mueca de rabia, dejó empezado el discurso y dirigiéndose a sus hombres gritó:
--¡Recojan ese maíz y juímonos!...

Memorias de un Reportero (1965).
Roberto Blanco Moheno